Sinceramente, no sé cómo referirme a este restaurante gallego, tras nuestra última visita. Os adelantaré que la comida, del máximo nivel. El servicio, tan tan malo que dudo que vuelva… Pero bueno, vayamos por partes. El local, totalmente renovado, es acogedor, amplio y agradable, con una iluminación muy lograda, transmitiendo clase, estilo y lujo. El restaurante abrió sus puertas en 1982, y pertenece al grupo Pescaderías Coruñesas, al igual que El Pescador (sito en José Ortega y Gasset, 75).
Especializado en mariscos y pescados, exhibe además una imponente “colección” de jamones colgados detrás del mostrador que hace las veces de barra. Así que empezamos con una ración de jamón, que era muy bueno. Pedimos también unos camarones y langostinos cocidos. Todo de la mejor calidad. Nos ofrecieron unos percebes, así que pedimos una ración. Cuando llegaron a la mesa, nos parecieron pocos, pero pensamos que nos habían puesto 100 ó 200 grs al haber pedido ya muchas cosas. Los percebes eran bastante buenos, grandes la mayoría y muy frescos.
Las pausas entre plato y plato eran eternas, Muy escaso el servicio para demasiadas mesas. Además, la aceleración obligada por el exceso de trabajo traicionó a nuestro camarero que le tiró una copa de agua encima a uno de mis acompañantes. De segundo nos decantamos por la especialidad de la casa, el rodaballo al horno. Estaba impresionante. Muy fresco, perfectamente cocinado, muy bien limpiado, etc. Nos encantó.
De postre, las típicas filloas gallegas, al nivel del resto de los platos. Hasta ahí, una cena perfecta y muy agradable, salvo por el incidente del “remojón” y la lentitud del servicio. Con el café, el maître nos trajo unas miguitas de teja, ya que, según dijo, “se han acabado, pero les he guardado estas miguitas para que al menos las prueben”. La mayor sorpresa llegó al pedir la cuenta. ¡Oh sorpresa! Nos habían cobrado medio kilo de percebes. Imposible, no había tantos, así que llamamos al maître. Cuando le planteamos la cuestión, su respuesta, en un tono impertinente, fue “los percebes tienen cabeza y extremidades, y todo pesa, no sólo lo que se come”, y con esto se retiró. Ni un detalle por la lentitud del servicio y el habernos tirado la copa de agua. Ni tan siquiera una copa de vino blanco suelta que pedimos, tras habernos bebido tres botellas antes.
Tal era nuestra decepción, especialmente por lo bien que habíamos comido, que al salir quisimos llamar la atención del maître sobre lo que entendíamos era una calidad de servicio muy deficiente. Él, lejos de reconocer los errores y pedir disculpas, indignado y subiendo el tono de voz, nos dijo “encima que les he puesto unas tejas con el café”. Creo que sobran más comentarios. Yo ya sé que no volveré, pero cada uno es libre. Probablemente sea ahora mismo el mejor marisco y pescado de la capital, pero a mi personalmente me amarga un servicio tan malo, así que como digo, no volveré…
ACTUALIZACIÓN (Febrero 2009)
Como es de sabios rectificar, es necesario decir que O’Pazo ha corregido de manera impecable los fallos que le achacaba anteriormente. Con la llegada de Antonio como primer maître (es además miembro de la familia propietaria), quien procedente de Horcher ha sabido revitalizar el servicio y corregir errores y ahora mismo es de los mejores de Madrid. Atento, rápido y servicial. La comida es mejor aún si cabe. Hoy por hoy, uno de los mejores restaurantes de Madrid. Sé que dije que no volvería, pero ahora mismo me pasa lo contrario: no puedo dejar de ser asiduo.
Datos prácticos:
O´Pazo c/ Reina Mercedes, 20 Madrid 28020 Tel.: 91 553 23 33 Precio medio: € 90 (obviamente sin percebes, y mariscos de similar precio)Servicio de aparcacoches Accesible silla de ruedas
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